La gestión de una crisis reputacional. Prevención.

La gestión de una crisis reputacional. Prevención.

La incidencia que tiene para una compañía un escándalo de naturaleza penal, resulta tan obvia como devastadora. Por este motivo, la prevención de las crisis reputacionales resulta imprescindible para todas las compañías y debe ser un pilar fundamental de la estrategia corporativa.

La jurisprudencia ha venido reconociendo de modo pacífico el derecho de las empresas a defender su honor y reputación ante cualquier difamación que lesione su consideración publica, con idénticos derechos a la persona física.

El Tribunal Constitucional en septiembre de 1995 dictó una sentencia muy relevante a estos efectos, mediante la cual se establece que la defensa del honor ”no puede ni debe excluir de su ámbito a las personas jurídicas, que pueden ver también lesionado ese derecho a través de la divulgación de hechos concernientes a su entidad cuando la difame o la haga desmerecer en la consideración ajena”.

La defensa reputacional permite a las compañías controlar y proteger su imagen pública, no solo ante la posibilidad de verse relacionado con un ilícito penal, sino gestionar una adecuada estrategia de comunicación y minorar los riesgos reputacionales que genere su actividad.

Para ello resulta indispensable una adecuada relación con el cliente, cercana y transparente, atender a su necesidades y a la consideración que estos hacen de la compañía. A este fin se debería instaurar un cauce de comunicación independiente, que brinde respuestas claras a las incidencias que puedan surgir en la actividad empresarial, siendo este aspecto una de las claves de la protección de la reputación corporativa.

Para aquellos casos en los que la defensa preventiva no sea suficiente, los Juzgados y Tribunales, amparan la protección del honor y consideración pública de la compañía y sus integrantes. Por lo que una adecuada estrategia de comunicación sumada a la defensa procesal, incluyendo la solicitud de medidas cautelares cuando estas fuesen necesarias, permiten una adecuada protección de la reputación empresarial.

El objeto de atender estas necesidades es construir una solida reputación en el mercado; esta reputación se basa principalmente en factores intangibles como la garantía de calidad que transmite la marca, la atracción de su imagen corporativa, la ética empresarial, el compromiso con la comunidad, el grado de cultura medioambiental, el clima laboral, la innovación etc. y se conforma mediante el conjunto de las percepciones que tienen los trabajadores, clientes, proveedores, inversores y el público en general de dicha compañía.

El resultado de la gestión de los valores que la compañía quiere asociar a su imagen de marca, requiere un gran esfuerzo y años de trabajo, la pieza clave es el órgano de administración y la importancia que este le de a la consideración publica de su compañía.

Los programas de cumplimiento normativo permiten diseñar la estrategia de defensa reputacional y los protocolos necesarios para la protección de la compañía en aquellos casos en los que se vea relacionada con la comisión de un ilícito penal por alguno de sus integrantes. Esta labor requiere consensuar una seria de estándares de diligencia imprescindibles para todos los miembros del órgano de administración y se extiende a cada uno de los empleados.


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